Para poder determinar la probabilidad de padecer una enfermedad cardiovascular (ECV) uno podría
fijarse con mayor o menor fortuna en los niveles de colesterol total,
en las partículas de LDL o HDL, los triglicéridos,
la apoproteína B100, en el tamaño y densidad de las
partículas, en la hipertensión arterial..., y en otras cuestiones más difíciles de cuantificar como la obesidad y/o
el tabaquismo. Todos de manera individual o en su conjunto podrían
reflejar, tal vez, un incremento del riesgo. Pero no son los únicos marcadores
de que disponemos para señalarnos futuros eventos cardiovasculares.
Hay algo que en principio no suele reflejarse en una analítica corriente y es el estado del endotelio, y resulta que podría estar indicándonos de forma anticipada las probabilidades de padecer no sólo un evento cardiovascular sino otras muchas enfermedades que en principio poco parecen tener que ver con el sistema vascular.