jueves, 7 de marzo de 2013

DIETAS CETOGÉNICAS, BACTERIAS INTESTINALES Y VITAMINA C

   Creo que existe una cierta tendencia a buscar las alternativas extremistas, y en éste sentido con nuestra paleodieta también podría suceder lo mismo.

  Todos sabemos, que lograr un estado de ligera cetosis puede ser positivo si de perder peso se trata, pero en ese camino, podemos tender a la impaciencia en cuanto a resultados se refiere, y ésto a la larga puede ser contraproducente.

¿Por qué digo ésto?, porque si nuestro interés se centra en perder unos kilos de más, hemos de mirar la cosas con cierto sosiego para no dejarnos llevar por tendencias que a veces pueden resultar exageradas.
   Sabemos que un ligero estado de cetosis aumenta la quema de grasas, pero los resultados suelen ser lentos, y en muchas ocasiones podemos percibir incluso que nos estancamos en nuestro peso..., pero aquí es donde surge el gran problema. Nuestra naturaleza impaciente nos puede arrastrar a buscar las alternativas más extremistas, y en éste caso si pensamos que un estado de suave cetosis es bueno, quizás aumentar su grado nos lleve rápidamente a nuestras ansiadas metas....y aquí el gran error, las prisas pueden conducirnos a un deterioro progresivo de nuestra salud, sin una aparente justificación.

 Bueno, parece que estoy dando demasiadas vueltas sin muchas pistas, pero hay veces que es necesario explicitar determinados comportamientos para saber distinguirlos con antelación y evitar de éste modo que puedan instaurarse en nuestra forma de actuar y nos lleven de su mano al lugar opuesto de donde pretendíamos ir.

  Cuando decidimos que una ligera cetosis, dentro del marco que nos brinda nuestra paleodieta , es positiva, no hemos de caer en el error de abrazar aquellas otras tendencias más vehementes que prefieren tal vez un dieta exenta totalmente de carbohidratos.


   Quizás nuestras células pueden vivir sin necesidad de carbohidratos, y aunque ésto puede ser discutible, la teoría así nos lo muestra, pero, ¿nuestras células son lo más importante de nuestro organismo?,yo creo sinceramente que no. Todos los que me habéis leído en alguna ocasión sabéis la importancia que suelo dar a las bacterias, de hecho por número, serían diez veces más importantes que nuestras células. Ellas también se acostumbraron, fruto de miles de años de evolución, a un tipo concreto de alimentación, que fue en cierto modo discriminatoria con otros tipos de bacterias, pero nuestras células no fueron las únicas en pagar las consecuencias de los cambios experimentados no solamente en nuestra alimentación, sino también en el uso indiscriminado de antibióticos, el estrés, y el exceso de esterilización que impera en nuestra sociedad moderna. Pero hay algo que hay que saber, las dietas cetogénicas también pueden resultar letales para nuestras bacterias simbióticas. Sí, la reducción drástica de su alimentación preferida las hace disminuir como si de una auténtica hambruna se tratara, y ésto en cierta medida puede resultar peligroso, si su población se viera diezmada. Todos sabemos las importantes funciones que ejercen en nuestro organismo, y como en ese fino equilibrio entre la salud y la enfermedad ellas juegan un papel de suma importancia. Reducirlas de forma alarmante puede suponer un camino seguro hacia el fracaso, no solamente en nuestros objetivos de perdida de peso, sino también en nuestro rendimiento deportivo y como no, en lo más importante de todo: nuestra salud.

  Nuestras bacterias necesitan de un tipo de alimentación que ha de contener no solamente proteínas y grasas, ellas se alimentan principalmente de algo que contienen los carbohidratos, me refiero a la fibra soluble,y al almidón (del almidón resistente ya hablé en otro post). Con éstos alimentos ellas pueden mostrar su cara más amable y equilibrada, ejerciendo importantes funciones en nuestro organismo:

-Estimulan el sistema inmune, y evitan que otros microorganismos patógenos se asiente en nuestro cuerpo.
-Eliminan metabolitos tóxicos.
-Reducen el colesterol.
-Facilitan la disponibilidad de vitaminas del grupo B y vitamina K
-Favorecen la digestión de la lactosa en caso de padecer mala absorción de la misma.
-Aumentan la absorción de determinados minerales como pueden ser el calcio, el zinc, el hierro y el magnesio.
-Reducen la antigenicidad de los alimentos, algo que puede ser de mucha importancia en caso de intolerancia o alergias alimenticias.
-Producen ácidos que promueven el peristaltismo intestinal, evitando el estreñimiento.

  Pero bajar en exceso el número de hidratos de carbono puede suponer, además de los perjuicios enumerados en relación a nuestras bacterias, una deficiencia de vitamina C, que podría añadir aún más tensión a nuestro organismo. Cabe decir que nuestras vitaminas del grupo B, cuya disponibilidad en gran medida depende de nuestras bacterias, junto a una deficiencia de vitamina C, pueden suponer una disminución considerable de nuestro rendimiento físico, por tanto si en algún momento de nuestra dieta cetogénica nos encontramos en una situación similar podría ser ésta la causa. De hecho un estudio llevado a cabo en Holanda por Van deer Beek demostró que una menor disponibilidad de vitaminas del grupo B (las bacterias son fundamentales en éste sentido) y de vitamina C eran capaces de reducir el VO máx. y el umbral anaerobio de manera espectacular en tan sólo 4 semanas.

Resumiendo, yo digo sí a las dietas cetogénicas, pero prestando atención a esos extremismos que sin darnos cuenta podemos cometer fruto de la impaciencia en el logro de resultados, porque de éste modo podemos convertir nuestra dieta en el camino más seguro para deteriorar nuestra salud.

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