Yo siempre he hablado de la importancia de la salud, y como el deporte puede ser una herramienta útil para afianzarse en dicho estado, pero también considero que puede haber cosas más elevadas incluso que la propia salud. En un mundo donde la vida es breve, donde los buenos momentos pasan por delante de nuestros ojos con tal velocidad que prácticamente no podemos ni tan siquiera acariciarlos, es posible que existan otras consideraciones personales que se antepongan incluso a dicho estado.
Y es en éste sentido donde el deporte puede llevar implícito situaciones que puedan alejarse del referente tan preciado que es la salud. ¿Existe en realidad algo tan importante como nuestras propias ideas?, supongo que no, ella se tejen con los hilos que hacen los sueños, ¿y quién a veces no ha soñado, inclusive con los ojos abiertos?.
No doy pistas de lo que se ha de hacer para llegar a esos sentimientos plenos que en determinados momentos todos podemos experimentar, pero lo que está claro que quien vive a espensas de su salud se hace esclavo de su propio miedo. Por tanto, no seré yo quien critique determinadas actitudes personales en relación al deporte, porque en realidad la subjetividad es el único camino posible en la vida. Queramoslo o no, el mundo ha de continuar con o sin nosotros. Quien pertrechado detrás del burladero estima que podrá ver la fiesta sin correr riesgos, esta equivocado, tarde o temprano todos habremos de salir al escenario a representar por lo menos nuestra última escena.

No pretendo con éstas palabras ensalzar el sufrimiento en el deporte como camino único para lograr ese estado de satisfacción personal que en determinados momentos todos podemos necesitar, pero que duda cabe, que vivir la vida con la intensidad que ella misma requiere puede exigir a cambio nuestra máxima entrega y dedicación a lo que hacemos, no de forma permanente pero si por lo menos en determinadas ocasiones.
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